Tardes lluviosas en casa de mi abuela; después de haber comido paella y con la barriga llena acostarme en el sofá con dos o tres mantas encima. Y aún mejor si estoy resfriada, una excusa mas para no salir de casa. Fuera llueve a cántaros, y yo sentada al lado de la ventana, admiro la belleza del agua porque se que sin agua no habría vida, sonrío, se que pronto llegará el invierno y con él las vacaciones de Navidad, y su magia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario